¿Por qué la gente odia las coordenadas geográficas?
- Carolina Tovar
- 17 feb 2016
- 5 Min. de lectura
¿Cual es el problema de usar las direcciones?

Imagen de: http://es.dreamstime.com/foto-de-archivo-nueva-york-image49219099
Cuando yo era niña aprendí, como supongo que le ha pasado a mucha gente, que a alguien se le ocurrió la idea de trazar líneas imaginarias sobre la superficie de la Tierra. En aquel entonces no comprendía muy bien para qué, pero nunca se me hizo difícil entender conceptos como latitud y longitud y meridianos y paralelos. Recuerdo una vez; que mi papá, en la finca de mis abuelos maternos, me explicó acerca de las coordenadas, con una navaja, trazando líneas sobre la cáscara de una naranja…

Imagen de: http://www.taringa.net/post/info/17702815/Todos-los-mapas-del-mundo-estan-mal-hechos.html
Como uno de mis libros favoritos de la infancia fue el Atlas, aprendí con la asesoría de mi hermana a muy temprana edad a manejar índices de topónimos y a hacer búsquedas en los mapas de acuerdo con la nomenclatura allí referenciada. Se que hoy por hoy muy pocas personas intentan hacer un ejercicio como este.
Ya en la Universidad mi profesor de cartografía, el ingeniero geógrafo Danilo Carantón, me habló por primera vez acerca de las coordenadas planas. Para entonces yo pude entender bien (sí, quizás un poco tarde), que el mismo sentido de las coordenadas lo tienen las direcciones: En mi ciudad las calles y carreras, transversales y diagonales.

Imagen de: http://professoralexeinowatzki.webnode.com.br/sobre-mim/cartografia/coordenadas-geograficas/
Durante los primeros 13 años de mi vida yo viví en el centro de Bogotá y mis padres me enseñaron acerca de buscar y encontrar una dirección, a orientarme como gran parte de los bogotanos, teniendo en cuenta los cerros orientales, a Monserrate y Guadalupe, que son importantes referentes geográficos de mi ciudad, y que hacia el sur después de la calle primera, las calles avanzan guardando esa señal. Mi papá y mis clases del colegio me enseñaron a orientarme teniendo en cuenta la posición del sol y así cualquier cantidad de cosas. Es de comentar que mi papá trabajaba en la sede principal de la oficina de correos y que muchas veces transportó correo, por lo cual su sentido de la orientación es muy bueno. Gracias a sus enseñanzas, rara, muy rara vez me ha quedado difícil encontrar una dirección.
Al salir de Bogotá y de mi país, por primera vez en la vida, tuve que enfrentar pruebas difíciles, particularmente cuando estuve sola. Comprender el espacio y tratar de entenderlo como le enseñaron a uno a veces es difícil, pero tener una noción clara de cómo moverse mediante coordenadas, es decir, haciendo uso de mapas y de las direcciones locales, hizo posible que no me perdiera en lugares absolutamente desconocidos para mi.
No entiendo si mi vida ha sido así, cómo es que a veces las personas me dan indicaciones extrañas, como si nunca en sus vidas hubieran tenido algún tipo de adiestramiento básico en el uso de la nomenclatura de un lugar.
Tengo varios ejemplos al respecto:
Una amiga me invitó a su nuevo apartamento en un sector muy exclusivo de la ciudad para hablarme acerca de un negocio que estaba iniciando. Me dio la dirección. Tomé un taxi para llegar. Pero resultó que aquel lugar es tan lejos que incluso la nomenclatura enredada de la zona hizo muy difícil el que yo pudiera llegar allí por mis propios medios. Así que, cuando estuve por dirección, en el punto más cercano a su casa, llamé a mi amiga y le pedí indicaciones. Su consejo fue más o menos así: “Estás en una culebrita. Sigue subiendo hasta que encuentres pared. Al lado hay unas flores rojas. Ahí es”. ¿Una culebrita? Me pregunté. ¿Qué clase de indicaciones eran éstas, que me daba, además, una ingeniera catastral? En fin…
En otra ocasión fui con otra amiga, a su casa. Debo reconocer que había estado allí un par de veces antes, pero había llegado en el carro de una compañera, así que nunca le presté realmente atención a la forma de llegar. Como aquel día iba sola, le escribí a mi amiga para pedirle que me explicara el camino. Su respuesta no fue menos desconcertante: “Camina hasta el conjunto que se llama el Paraíso* y de ahí caminas derecho hasta un parqueadero de color verde mareo. Ahí giras a la derecha y listo. Ahí es”. Duré mucho tiempo imaginándome el color verde mareo, debo aclarar…

Solo un par de días después quedé de encontrarme con la arquitecta que lideró el proceso de reestructuración de la casa de mis padres. Teníamos que realizar un trámite relacionado con la licencia de construcción. Me dio la siguiente dirección: calle 95 número 11 frente a la estación de Transmilenio de la calle 100.
Caí en cuenta de la ausencia de un número al menos, en la dirección, llegando al lugar. Esto me hizo muy problemático el asunto. Había al menos dos estaciones de Transmilenio, el servicio principal de transporte bogotano, en dos puntos diferentes de la calle 100: una, en la autopista norte y otra, en la avenida Suba. El otro número era 11, pero no podía ser en la 100 con carrera 11 porque en la 11 no hay Transmilenio. Entonces, la llamé y le pedí instrucciones. “es cerca al puente, dice gigante “curaduría” es imposible no verla.” Pues bien, seguí mi instinto y opté por ir a la autopista norte. Crucé el puente más cercano a la calle 100, el de la salida norte. Mire en todos los edificios, que eran altos, y no había ninguno que dijera curaduría. Hasta que, del otro costado de la autopista vi el letrero… en una edificación de una sola planta, junto al puente peatonal del costado sur de la estación.

Imagen de: http://www.revistasumma.com/los-dichos-y-la-voz-de-un-tico-llegan-a-waze/
Me pregunté entonces cómo llega la gente normal a un determinado lugar. Es una ironía justo ahora, cuando todo el mundo usa apps celulares que le indican caminos con tráfico y presencia de policías a conductores y taxistas, cuando al minuto miles de personas georeferencian sus movimientos y visitas hasta a los más increíbles lugares, ahora precisamente que se vive una revolución geo espacial, que los ciudadanos de a pie tengan más conocimientos de esos aplicativos que nociones de su propio entorno. ¿Será que Dios le da pan al que no tiene dientes, como dice el dicho popular? ¿Será que podemos matar al tigre pero nos da miedo la piel? En fin. Simplemente creo que en este preciso momento en el que hay un mayor conocimiento de nuestro mundo paradójicamente hay menos ganas de conocerlo. Este es un tiempo que representaría muy bien al mito de la caverna de Platón, en el cual la gente es presa en sus cavernas (dispositivos móviles) y tiene ideas del mundo como se ve proyectado, pero no conoce el mundo real y tal vez prefiere no conocerlo. Todo esto me hace volver a la pregunta con la que titulé esta reflexión. ¡¿Por qué la gente odia las coordenadas geográficas?! ¿Será que ni la familia, ni la escuela, ni la vida cotidiana hoy por hoy brindan elementos para que las personas puedan salir al mundo, conocerlo y enfrentarlo con sus propios ojos?
Ojalá todos estos cuestionamientos pudieran encontrar respuestas en las opiniones de quienes, por decisión o casualidad, lleguen a leer esta página…