Un día de enero… El primer día de enero
- Carolina Tovar

- 1 ene
- 3 Min. de lectura

El 1 de enero es un día raro, extrañamente suspendido, “con una presión simbólica enorme y, a la vez, poca energía concreta”.
Muchas personas hacen un listado, año tras año, con resoluciones o propósitos para su año nuevo. Algunas veces se levantan temprano, el mismo 1 de enero a cumplirlos: ir a hacer ejercicio, hacer una dieta, arreglar la casa…
Mi impresión honesta y personal es que este no debería ser un día de grandes resoluciones, sino un punto de partida, suave e íntimo.
En mi 1 de enero de 2026, quise, simplemente, vivir un día… activo; no perdido.
Sin embargo, suele suceder que las cosas se salen de control.
A veces uno tiene en su cabeza nociones de cosas que quisiera que fueran de determinada manera. Y sin embargo, la vida tiene otros planes.
No siempre podemos congeniar con el pensamiento, las ideas y las aspiraciones de los demás.
Supongo que eso está bien.
A menudo le digo a mis hijos que, aunque suene a frase de cajón, extraída de diapositiva de Pinterest, uno debe ser el amor que tanto anhela recibir.
Por eso, aunque a las 6:37 pm este día no haya sido lo que hubiera querido hacer de él, quiero dar un paso. No puedo controlar lo que piensan o sienten los demás. Puedo tratar de aproximarme a mi mejor versión.
Hoy voy a dejar una primera huella.
Por años, mis escritos solían comenzar diciendo que amo escribir. Sin embargo, la vida me ha llevado por un camino que me ha alejado de ese amor.
El diario vulnerado, al mejor estilo de Betty La fea. Los juicios sobre mi manera de redactar. Un montón de eventos drenadores de la autoestima y una tesis doctoral, entre otros, han hecho que aquello que siempre me gustó desde mi infancia, se convirtiera en algo de lo que por años, he deseado alejarme.
Hoy escribí; no una, sino varias veces. Varios párrafos.
El primero, muy a la madrugada, a pesar de las limitaciones físicas que ahora hacen que escribir sea más difícil para mi. Lo puse en mi teléfono. Lo comenté con mi conciencia:
Quiero iniciar el año con un proyecto. Uno de escritura.
Tengo otras ideas en mente. También espero poder materializarlas.
Solo quiero perseguir la felicidad.
Mi psicóloga dice que debo trabajar en las cosas que me gustan: leer un poema (hago mala cara), escuchar música, comer un chocolate… cualquier cosa que me traiga algo de placer cotidiano o de satisfacción. Algo que sea para mi; para sentirme bien.
Hoy he traducido eso a este acto. A escribir, con los defectos que eso tenga, que serán muchos.
Luego de la prueba no superada de tratar de hacer una actividad diferente con mi familia y de que todo resultara ser un desastre, en medio del profundo cansancio y comenzando a dormirme, escribí de nuevo.
Y sí. Escuché algo de música.
Creo que nadie en el mundo quisiera comenzar el año reproduciendo su playlist “Con minora incluida” que solo tiene canciones de desamor.
Aclaro: mi problema no es el desamor; es la frustración.
Más allá de eso, buena parte de la tarde la pasé durmiendo. Y eso ocurrió de una manera bastante tormentosa. En medio de dolor físico, espasmos musculares, sed y, supongo, una marcada tristeza.
Desde niña supe que la tristeza es el combustible de la creación. El dolor, el duelo. Eso sí que motiva. Ciertos críticos, no necesariamente reputados o fundamentados, han sostenido en ocasiones que los compositores crean sus mejores canciones cuando están destrozados.
No es mi caso. Solo me siento un poco frustrada.
Sin embargo, agradezco la chispa que me trajo ahora al escritorio, a plasmar estas palabras en este texto sin forma que me ayuda a cumplir con esa meta mínima de acción que esperaba tener para este día.
Agradezco que pude cumplir con una de mis primeras ideas concretas del año. Mi intención más honesta es, como plantean ahora las creadoras de contenido, practicar la gratitud a plena conciencia.
Quisiera que este acto de escribir no fuera una camisa de fuerza. Más bien quiero que pueda ser una ilusión o una motivación. La de expresarme, con los defectos que eso pueda tener.
Quisiera que esta actividad me lleve a explorar nuevas posibilidades. A reencontrarme conmigo misma, después de todos estos años durante los cuales el doctorado me ha llevado a perderme; a apagarme.
Así que… Aquí esta. Este es mi comienzo. Este es el momento que he elegido para volver a empezar. Como en la canción de Alejandro Lerner, que es uno de los himnos de la banda sonora de mi vida. Cuantas veces sea necesario, cuantas ocasiones sienta la necesidad y tenga la fuerza.
Hoy elijo volver a empezar. Y este es mi proyecto.
Si acaso alguien decide sumarse, bienvenido es.
Feliz Año Nuevo 2026.






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